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| H.H. MARISTAS * LIMA - PERU | ||||||
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"Educar a un niño no se reduce a enseñarle a leer, escribir y darle las primeras nociones de las materias de la enseñanza primaria. Tales conocimientos serían suficientes si el hombre hubiera nacido sólo para este mundo. Pero el hombre tiene otro destino: el cielo, Dios. Y para el cielo y para Dios hay que educarlo. Educar a un niño es, pues, hacerle consciente de ese destino maravilloso y sublime y poner a su alcance los medios de conseguirlo. En definitiva, se trata de hacer del niño un buen cristiano y un honrado ciudadano". Vida, XXIII, p. 547. Efectivamente
no se habla aquí del profesor como de un profesional que se limita
a comunicar de forma sistemática en la escuela una serie de conocimientos,
sino del educador, del formador de hombres... Los retos a los que nos enfrentamos son, en primer lugar, aquellos en los que están implicados los jóvenes. Tenemos que escuchar, preguntar, investigar, rezar y mirar nuestro mundo a través de los ojos de los jóvenes. Hemos optado por no quedarnos quietos e inactivos ante la "realidad" de la desigualdad social y cultural que caracteriza a todas las sociedades, y que nos resulta más hiriente aún cuando la vemos en conjunto.
En segundo lugar, nos enfrentamos a la tarea de ser educadores que comparten el carisma de marcelino. Deseamos que nuestra experiencia se corresponda con nuestras palabras cuando hablamos de:
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