Presencia
Educamos, sobre todo, haciéndonos presente a los jóvenes,
demostrando que nos preocupamos por ellos personalmente... procuramos
acercarnos a las vidas de los jóvenes. Nos comprometemos con
el mundo de los jóvenes saliendo a buscarlos en sus propios ambientes
y a través de su propia cultura juvenil. Esta presencia en espacios
institucionales no significa una vigilancia obsesiva ni un "dejar
hacer" negligente. Por el contrario, es una presencia que ayuda
a los jóvenes a través del consejo y la atención
prudente.
Sencillez
Nuestra sencillez se manifiesta en el trato con los jóvenes,
a través de una relación auténtica y directa,
sin pretensión ni doblez. A la sencillez añadimos humildad
y modestia, componiendo así el símbolo de las tres
violetas de la tradición marista: dejando que Dios actúe
a través de nosotros y "haciendo el bien sin ruido".
En nuestra enseñanza y estructuras organizativas, mostramos preferencia
por la sencillez de método. Nuestra manera de ducar, como
la de Mercelino es personalizada, práctica, basada en la vida
real. Orientamos a los jovenes para que adopten la sencillez como
un valor para sus propias vidas...
Espíritu
de familia
El gran deseo y la herencia del padre Champagnat es que nos relacionemos
los unos con los otros y con los jóvenes como miembros de una
familia que se ama. Donde quiera que estemos, nos comprometemos a construir
comunidad entre todos los que se relacionan con nuestra institución
y actividad. Nuestra forma de relacionarnos con los jóvenes es
siendo hermano o hermana para con ellos. En el ámbito escolar,
nuestro espíritu de familia se antepone a la idea de una educación
orientada a los resultados que no respeta la dignidad y las necesidades
de cada persona.
Amor
al trabajo
Marcelino Champagnat era un hombre de trabajo, un enemigo acérrimo
de la pereza. Con esfuerzo tenaz y total confianza en Dios se formó
a sí mismo, y esas mismas características se reflejaron
en su atención a los fieles, al fundar su familia religiosa.
En el marco escolar, el amor al trabajo exige una preparación
cuidadosa de nuestras clases y actividades educativas: correción
de las tareas y de los proyectos de los alumnos, planificación
y evaluación de nuestros programas, y apoyo complementario para
aquellos que presenten cualquier tipo de dificultad. Ello supone iniciativa
y desición para encontrar respuestas creativas a las necesidades
de los jóvenes.
A
la manera de María
María es el modelo perfecto para el educador marista, como lo
fue para Marcelino. María, mujer laica, primera discípula
de Jesús, orienta nuestro camino en la fe. El aspecto mariano
de nuestra espiritualidad se manifiesta, ante todo, en el deseo de imitar
sus actitudes para con los demás y con Dios. Con el canto de
alabanza del Magnificat, María nos invita a testimoniar
la solidaridad de Dios con los necesitados y los que sufren.